Diario de un seminarista
viernes, 16 de marzo de 2012
Pasión por el Evangelio
lunes, 6 de febrero de 2012
Una canción que habla...
A veces me pregunto ¿porqué yo?,
y sólo me respondes porque quiero.
Es un misterio grande que nos llames,
así tal como somos a tu encuentro.
Entonces redescubro una verdad,
mi vida, nuestra vida es un tesoro.
Se trata entonces sólo de ofrecerte,
con todo nuestro amor, esto que somos.
¿QUÉ TE DARE, QUE TE DAREMOS?,
SI TODO, TODO ES TU REGALO.
TE OFRECERE, TE OFRECEREMOS,
ESTO QUE SOMOS... ESTO QUE SOY,
ESO TE DOY.
Esto que soy, esto es lo que te doy,
esto que somos, es lo que te damos.
Tu no desprecias nuestra vida humilde,
se trata de poner todo en tus manos.
Aquí van mis trabajos y mi fe,
mis mates, mis bajones y mis sueños.
Y todas las personas que me diste,
desde mi corazón te las ofrezco.
¿QUÉ TE DARE...
Vi tanta gente un domingo de sol,
me conmovió el latir de tantas vidas.
Y adiviné tu abrazo gigantesco,
y sé que sus historias recibías.
Por eso tu altar luce vino y pan,
son signo y homenaje de la vida.
Misterio de ofrecerte y recibirnos,
humanidad que Cristo diviniza
Esto que soy, eso te doy
Eduardo Meana
http://youtu.be/3MfIPRRiE3Ulunes, 4 de octubre de 2010
"Soluciones a problemas inexistentes"
A veces me pregunto porqué la gente siempre cuando le hablas del seminario y de los pocos que estamos siempre te dice que la cosa sería diferente si los curas se podrían casar o si se pudieran ordenar mujeres. A mí esta respuesta me da gracia, ya que me parece la fácil, pero es como nos decían en un curso de monitores, es dar solución a un problema inexistente, ya que aunque pueda ser una opción, el problema es otro un poco más profundo. Y es que no hay más que echar un ojo a nuestros hermanos protestantes o anglicanos, donde el sacerdocio femenino existe, así como el matrimonio en los sacedotes, para ver que no es la solucción ya que en materia de vocación están con la misma crisis que nosotros. Por lo que el problema no está en que los curas no puedan casarse o que las mujeres no puedan ordenarse dentro de la iglesia, sino que es otro: el miedo al compromiso.
Volvamos a datos, y preguntémonos ¿por qué cada vez los matrimonios terminan antes?, ¿por qué las parejas cada vez retrasan más el tener un hijo?, ¿ es qué el amor ahora es diferente que antes?. Asusta lo que compromete para siempre, lo que exige una renuncia o un cambio en nuestro estilo de vida. Por lo que cuando hablamos de crisis vocacional, quizás habría que hablar de una crisis de la sociedad en general, ya que la crisis vocacional en cierta medida es consecuencia de esto. Vivimos una sociedad escesivamente individualista y egoísta, a la que le cuesta romper con su yo personal. Asusta el compartir la vida con otra persona para siempre, asusta la responsabilidad de tener un hijo al que estamos obligados a cuidar, educar y en cierto modo al que estará "atado" nuestro tiempo, así como asusta el entregar la vida a Dios para ofrecerla a los demás.
Por lo que la solución habrá que buscarla más dentro de cada uno e intentar romper con este pensamiento que nos está inundando y destruyendo, ya que si seguimos creando una sociedad individualista donde la primacia del yo sea el absoluto, será el fin del hombre como tal. Por lo que dejemos de dar soluciones a problemas inexistentes, y ataquemos la raíz, veremos como si así lo hacemos todo será distinto.
domingo, 22 de agosto de 2010
Camino a Santiago
domingo, 25 de julio de 2010
Disfrutando del verano
jueves, 25 de marzo de 2010
La velocidad de Dios
martes, 27 de octubre de 2009
Asignatura Pendiente
Aquel joven se acerca a Jesús y lo llama Maestro bueno. Es la bondad de Jesús la que conquista su corazón. La autoridad de Jesús no tiene nada que ver con la de otros que enseñan, pero no lo hacen con el ejemplo de su vida. Jesús le manda que cumpla los Mandamientos. Es curioso pero Jesús le remite a los Mandamientos que hablan de la relación con los demás, con el prójimo:-«No matarás; no robarás; honra a tu padre y á tu madre...» ¿Por qué no le pregunta de su relación con Dios? Sencillamente, porque su problema no estaba en su relación con Dios. Su asignatura pendiente es la relación con los hermanos, con los demás. Es lo que le pasa a este muchacho que cumple los Mandamientos, pero su corazón no es absolutamente bueno, como el de Jesús.
Jesús le miró con cariño. Valoró su gran esperanza. El Señor a nosotros, a los jóvenes, siempre, nos mira con cariño, cuando nos presentamos delante de Él. Jesús le dice que tiene que dar un salto, hacer una locura: venderlo todo, darlo a los pobres y seguirlo. Aquello le hizo entrar en crisis. Era demasiado. ¿Venderlo todo? ¡A quién se le puede ocurrir tal locura! Y se fue triste, porque la tristeza es la patria de los que no siguen a Jesús. Se quedó solo con su tristeza y no fue capaz de dar el salto para dejarlo todo, que en el fondo no es más que negarse a uno mismo, hacer trizas su proyecto y vivir en el Amor de la entrega total.
Si pudiésemos volver a casa con el joven, ¿cuáles serían sus preguntas?; ¿sería feliz? Yo estoy seguro de que, a lo mejor, aumentó sus prácticas religiosas, pero no se planteó entregar su vida al Señor. Pensó seguir como siempre, pero no seguir amando cómo Jesús hasta el extremo. No tuvo la valentía de san Francisco de Asís, de fiarse de un Padre que nos cuida siempre y nos ama más, mucho más que al átomo y a la rosa.
Los que tienen el corazón así, no han descubierto que la vida con Jesús es otra cosa; que no es cuestión de cantidad, sino de calidad; que se puede dar mucho, pero no tener el corazón abierto a los planes de Dios, y vivir en la tristeza común de tantos corazones, coma el joven rico, que viven siempre en la insatisfacción en su relación con Dios, porque no vivieron en la generosidad de fiarse siempre del amor de Dios: ellos se lo perdieron, porque, en estos momentos, de este joven no sabemos ni su nombre, en cambio sí que sabemos el nombre de los que siguieron a Cristo: Pedro, Juan, Andrés, María Magdalena, Pablo...
+ Francisco Cerro Chaves
obispo de Coria-Cáceres