jueves, 2 de octubre de 2008

Las olas y el mar



Hay una cosa que me gusta hacer siempre que puedo y es ver el mar. Me he acostumbrado, o mejor dicho, necesito, al menos una vez al año, poder pasear por una playa, sentir en el rostro la brisa marina y como no, el ver las olas que se acercan y alejan de la costa. Es algo que me produce una sensación de paz especial, algo que podría estar contemplando durante horas, y porque no decirlo, también es un sitio donde me habla Dios.


A qué viene esto, ¿es qué ya tengo ganas de que vuelva el verano? ¡Sólo llevamos tres semanas de curso!. La razón es muy sencilla, quizas porque hoy me ha dado por pensar en la vocación , y cuando pienso en ella, pienso también en el mar. Por que al igual que las olas chocan continuamente contra la costa así Dios choca contra nuestro corazón y nos susurra lo que quiere de nosotros. A veces de una manera suave pero cosntante. Otras de una manera fuerte y rompedora. Pero lo que vemos, que poco a poco, con el incesante movimiento, va dejando una huella, nos va dando forma, nos va modelando y nos va mostrando lo que somos.


Estoy en un seminario y estoy porque siento en mi interior, que Jesús me está llamando a algo especial. Durante mi vida ha estado golpeando mi corazón y me ha dejado una huella,... Y mi respuesta a su invitación ha sido sí. Al igual que mis compañeros. Es cierto, que hay veces, que te viene un poco el bajón, y dudas; pero si levantas la cara y miras al frente, sientes de nuevo la brisa en el rostro y a Jesús que viene como una ola para acercarse a tu corazón...


Es tan hermoso el dejarse vencer por Él...




lunes, 22 de septiembre de 2008

Comenzamos de nuevo

Ya se han acabado las vacaciones, y aquí estamos de nuevo. Las vueltas nunca son fáciles. No sé lo que tiene el verano, pero el volver a acostumbrarse a levantarse pronto, el ir a clase, la vida con los compañeros,... cuesta. Pero, bueno, como dice el proverbio: "Sarna con gusto no pica". Porque la realidad es esa. Si estoy aquí es porque yo quiero. Bueno, yo y el Señor, que en esto de la vocación para que haya una respuesta primeramente debe haber una llamada.

Permitirme refugiarme en el anonimato y no poner mi nombre. Solo decir que soy seminarista y pensé el usar esto de las nuevas tecnologías, para contar la vida de un seminario a la gente. No en plan morboso, sino narrar la vida tal y como es, con sus claros y sus oscuros. Y que mejor forma que hacerlo en forma de diario. Un diario ya aviso inconstante, ya que eso de escribir todos los días es algo que cuesta. Pero bueno pretendo que sea sincero. Donde poder colgar mis cosas, curiosidades, fotos, recomendaciones o cosas que he visto y que creo que merece la pena compartir.