Hay una frase que una vez me dijo un compañero, que de vez en cuenta me viene a la cabeza: “no os parece que estamos en un barco que se esta hundiendo”. La alusión era en respuesta a una situación que tristemente vemos cotidianamente. En nuestras parroquias cada vez menos gente, y la mayor parte son de edad avanzada. Generaciones de jóvenes que no se acercan a Jesús, seminarios que se ven obligados a trasladarse porque cada vez van viendo como se reduce el número de seminaristas,…
Creo que pese a que esa frase trasmite cierto dolor o cierta interrogante por no saber muy bien que es lo que nos depara el futuro, nos tiene que llevar a preguntarnos si de verdad confiamos en Cristo. Ya que ese barco en el que estamos metidos es capitaneado por Él. Él nos marca el norte y podríamos decir que el sabe por donde nos mete.
Es cierto que esta sociedad que nos toca vivir se esta apartando de Dios, se esta construyendo lejos de su nombre, vive con una “música” tan alta que impide que escuchemos su presencia. Pero eso no quiere decir, que el señor no esté ahí, a nuestro lado, cerca de nosotros, esperándonos. Y, aunque las olas son altas, el mar no está en calma sino que azota por todos los lados, el barco sigue a flote; ya que es más fuerte que todo eso. Y poco a poco, cuando no solo te fijas en lo negativo, descubres que existen jóvenes a nuestro alrededor que se comprometen por Él, que se interrogan por Él, que intentan vivir su fe. Ves gente que vive la necesidad de la presencia de Dios en sus vidas, que lo busca, que lo necesita. Ves niños que sienten la curiosidad y quieren abrir su corazón para conocer mejor a ese hombre que nos llama amigos y nos habla del amor,… y te das cuenta que la barca continua intacta y que sigue navegando y que, si bien a veces nos cueste sentirlo, Él sigue ahí, en pie junto al timón. Y quiere que nosotros sigamos bregando con la confianza que nos da el sentirlo cerca. El sentirnos que cooperamos con Él. El saber que el puerto al que nos lleva esta pronto a realizarse…
Creo que pese a que esa frase trasmite cierto dolor o cierta interrogante por no saber muy bien que es lo que nos depara el futuro, nos tiene que llevar a preguntarnos si de verdad confiamos en Cristo. Ya que ese barco en el que estamos metidos es capitaneado por Él. Él nos marca el norte y podríamos decir que el sabe por donde nos mete.
Es cierto que esta sociedad que nos toca vivir se esta apartando de Dios, se esta construyendo lejos de su nombre, vive con una “música” tan alta que impide que escuchemos su presencia. Pero eso no quiere decir, que el señor no esté ahí, a nuestro lado, cerca de nosotros, esperándonos. Y, aunque las olas son altas, el mar no está en calma sino que azota por todos los lados, el barco sigue a flote; ya que es más fuerte que todo eso. Y poco a poco, cuando no solo te fijas en lo negativo, descubres que existen jóvenes a nuestro alrededor que se comprometen por Él, que se interrogan por Él, que intentan vivir su fe. Ves gente que vive la necesidad de la presencia de Dios en sus vidas, que lo busca, que lo necesita. Ves niños que sienten la curiosidad y quieren abrir su corazón para conocer mejor a ese hombre que nos llama amigos y nos habla del amor,… y te das cuenta que la barca continua intacta y que sigue navegando y que, si bien a veces nos cueste sentirlo, Él sigue ahí, en pie junto al timón. Y quiere que nosotros sigamos bregando con la confianza que nos da el sentirlo cerca. El sentirnos que cooperamos con Él. El saber que el puerto al que nos lleva esta pronto a realizarse…