El otro día, en un periódico encontré esta reflexión sobre la lectura del joven rico. No se porque pero en ella vi reflejado el rostro de muchos compañeros que se quedaron en el camino...
Se puede uno creer muy religioso, como el joven rico, y, sin embargo, no vivir correctamente el seguimiento de Cristo. Jugárselo todo por Jesús es siempre nuestra asignatura pendiente.
Aquel joven se acerca a Jesús y lo llama Maestro bueno. Es la bondad de Jesús la que conquista su corazón. La autoridad de Jesús no tiene nada que ver con la de otros que enseñan, pero no lo hacen con el ejemplo de su vida. Jesús le manda que cumpla los Mandamientos. Es curioso pero Jesús le remite a los Mandamientos que hablan de la relación con los demás, con el prójimo:-«No matarás; no robarás; honra a tu padre y á tu madre...» ¿Por qué no le pregunta de su relación con Dios? Sencillamente, porque su problema no estaba en su relación con Dios. Su asignatura pendiente es la relación con los hermanos, con los demás. Es lo que le pasa a este muchacho que cumple los Mandamientos, pero su corazón no es absolutamente bueno, como el de Jesús.
Jesús le miró con cariño. Valoró su gran esperanza. El Señor a nosotros, a los jóvenes, siempre, nos mira con cariño, cuando nos presentamos delante de Él. Jesús le dice que tiene que dar un salto, hacer una locura: venderlo todo, darlo a los pobres y seguirlo. Aquello le hizo entrar en crisis. Era demasiado. ¿Venderlo todo? ¡A quién se le puede ocurrir tal locura! Y se fue triste, porque la tristeza es la patria de los que no siguen a Jesús. Se quedó solo con su tristeza y no fue capaz de dar el salto para dejarlo todo, que en el fondo no es más que negarse a uno mismo, hacer trizas su proyecto y vivir en el Amor de la entrega total.
Si pudiésemos volver a casa con el joven, ¿cuáles serían sus preguntas?; ¿sería feliz? Yo estoy seguro de que, a lo mejor, aumentó sus prácticas religiosas, pero no se planteó entregar su vida al Señor. Pensó seguir como siempre, pero no seguir amando cómo Jesús hasta el extremo. No tuvo la valentía de san Francisco de Asís, de fiarse de un Padre que nos cuida siempre y nos ama más, mucho más que al átomo y a la rosa.
Los que tienen el corazón así, no han descubierto que la vida con Jesús es otra cosa; que no es cuestión de cantidad, sino de calidad; que se puede dar mucho, pero no tener el corazón abierto a los planes de Dios, y vivir en la tristeza común de tantos corazones, coma el joven rico, que viven siempre en la insatisfacción en su relación con Dios, porque no vivieron en la generosidad de fiarse siempre del amor de Dios: ellos se lo perdieron, porque, en estos momentos, de este joven no sabemos ni su nombre, en cambio sí que sabemos el nombre de los que siguieron a Cristo: Pedro, Juan, Andrés, María Magdalena, Pablo...
+ Francisco Cerro Chaves
obispo de Coria-Cáceres
Aquel joven se acerca a Jesús y lo llama Maestro bueno. Es la bondad de Jesús la que conquista su corazón. La autoridad de Jesús no tiene nada que ver con la de otros que enseñan, pero no lo hacen con el ejemplo de su vida. Jesús le manda que cumpla los Mandamientos. Es curioso pero Jesús le remite a los Mandamientos que hablan de la relación con los demás, con el prójimo:-«No matarás; no robarás; honra a tu padre y á tu madre...» ¿Por qué no le pregunta de su relación con Dios? Sencillamente, porque su problema no estaba en su relación con Dios. Su asignatura pendiente es la relación con los hermanos, con los demás. Es lo que le pasa a este muchacho que cumple los Mandamientos, pero su corazón no es absolutamente bueno, como el de Jesús.
Jesús le miró con cariño. Valoró su gran esperanza. El Señor a nosotros, a los jóvenes, siempre, nos mira con cariño, cuando nos presentamos delante de Él. Jesús le dice que tiene que dar un salto, hacer una locura: venderlo todo, darlo a los pobres y seguirlo. Aquello le hizo entrar en crisis. Era demasiado. ¿Venderlo todo? ¡A quién se le puede ocurrir tal locura! Y se fue triste, porque la tristeza es la patria de los que no siguen a Jesús. Se quedó solo con su tristeza y no fue capaz de dar el salto para dejarlo todo, que en el fondo no es más que negarse a uno mismo, hacer trizas su proyecto y vivir en el Amor de la entrega total.
Si pudiésemos volver a casa con el joven, ¿cuáles serían sus preguntas?; ¿sería feliz? Yo estoy seguro de que, a lo mejor, aumentó sus prácticas religiosas, pero no se planteó entregar su vida al Señor. Pensó seguir como siempre, pero no seguir amando cómo Jesús hasta el extremo. No tuvo la valentía de san Francisco de Asís, de fiarse de un Padre que nos cuida siempre y nos ama más, mucho más que al átomo y a la rosa.
Los que tienen el corazón así, no han descubierto que la vida con Jesús es otra cosa; que no es cuestión de cantidad, sino de calidad; que se puede dar mucho, pero no tener el corazón abierto a los planes de Dios, y vivir en la tristeza común de tantos corazones, coma el joven rico, que viven siempre en la insatisfacción en su relación con Dios, porque no vivieron en la generosidad de fiarse siempre del amor de Dios: ellos se lo perdieron, porque, en estos momentos, de este joven no sabemos ni su nombre, en cambio sí que sabemos el nombre de los que siguieron a Cristo: Pedro, Juan, Andrés, María Magdalena, Pablo...
+ Francisco Cerro Chaves
obispo de Coria-Cáceres