lunes, 4 de octubre de 2010

"Soluciones a problemas inexistentes"


A veces me pregunto porqué la gente siempre cuando le hablas del seminario y de los pocos que estamos siempre te dice que la cosa sería diferente si los curas se podrían casar o si se pudieran ordenar mujeres. A mí esta respuesta me da gracia, ya que me parece la fácil, pero es como nos decían en un curso de monitores, es dar solución a un problema inexistente, ya que aunque pueda ser una opción, el problema es otro un poco más profundo. Y es que no hay más que echar un ojo a nuestros hermanos protestantes o anglicanos, donde el sacerdocio femenino existe, así como el matrimonio en los sacedotes, para ver que no es la solucción ya que en materia de vocación están con la misma crisis que nosotros. Por lo que el problema no está en que los curas no puedan casarse o que las mujeres no puedan ordenarse dentro de la iglesia, sino que es otro: el miedo al compromiso.
Volvamos a datos, y preguntémonos ¿por qué cada vez los matrimonios terminan antes?, ¿por qué las parejas cada vez retrasan más el tener un hijo?, ¿ es qué el amor ahora es diferente que antes?. Asusta lo que compromete para siempre, lo que exige una renuncia o un cambio en nuestro estilo de vida. Por lo que cuando hablamos de crisis vocacional, quizás habría que hablar de una crisis de la sociedad en general, ya que la crisis vocacional en cierta medida es consecuencia de esto. Vivimos una sociedad escesivamente individualista y egoísta, a la que le cuesta romper con su yo personal. Asusta el compartir la vida con otra persona para siempre, asusta la responsabilidad de tener un hijo al que estamos obligados a cuidar, educar y en cierto modo al que estará "atado" nuestro tiempo, así como asusta el entregar la vida a Dios para ofrecerla a los demás.
Por lo que la solución habrá que buscarla más dentro de cada uno e intentar romper con este pensamiento que nos está inundando y destruyendo, ya que si seguimos creando una sociedad individualista donde la primacia del yo sea el absoluto, será el fin del hombre como tal. Por lo que dejemos de dar soluciones a problemas inexistentes, y ataquemos la raíz, veremos como si así lo hacemos todo será distinto.

domingo, 22 de agosto de 2010

Camino a Santiago

Ya hace días que volvimos de Santigo y de la PEJ, la verdad que quería haber escrito antes mis impresiones pero crei conveniente dejar reposar ese mar de sentimientos que durante esa semana golpearon mi corazón... Fueron unos días intensos, de camino, donde además de conocer a gente nueva, también te ayuda a descubrirte mejor a ti mismo y lo que puedes dar de si.
El andar, el cansancio, las personas, la soledad, el reencuntro,... compañeros de ese camino que paso a paso vas cubriendo hasta llegar a tu meta. Y en el quedan palabras, rostros, gestos, sonrisas, sorpresas, esperas,... gente que se propone, pese a su cansancio, hacerte el camino más agradable y darte los ánimos suficintes para que continúes.
La llegada a Santiago una mezcla de emoción que te corre por el cuerpo y te deja sin palabras. El abrazo al santo y las ganas de abrazar a los que tienes cerca y de recordar a los que forman parte de tu vida y compartir con ellos que has llegado a la meta y mirar al cielo y darle gracias a Dios por darte las fuerzas, porque vives ese momento, porque no estas solo, porque tienes a tu alrededor miles de jovenes como tu que estan en el camino de la vida donde quieren apostar fuerte y quieren abrir su corazón a tu palabra y a tu voluntad.
Atras queda el mal dormir, el cansancio, las ampollas, las ahujetas... y solo un pensamiento llena todo: lo conseguí. Puedo hacerlo y eso llevado a tu vida te dice que puedes lograr aquello que te propongas solo tienes que intentarlo...
Luego un fin de semana con muchos más jóvenes, si ibamos sescientos en el camino el número se multiplica considerablemente en Santiago y llegan los encuentros, los talleres, y el momento cumbre la vigilia. Un encuentro de oración que poco a poco te va calando y te desarma por dentro para que tu corazón quede simplemente delante del Señor. Y los sentimientos vuelven a llenar tu cabeza, tu corazón, y te sientes lleno de Dios y feliz y con ganas de amar,... porque estas lleno de eso que muchas veces andas buscando y no encuentras sin darte cuenta que lo tienes siempre ahí a tu lado. El amor de Dios, el experimentar ese encuentro con la madre, ese encuentro con la cruz, ese encuentro con la experanza y ese encuentro con su cuerpo. Y ves que lo mas pequeño se hace grande y llena todo y le da sentido y que estas vivo y que Dios te quiere y que espera tu respuesta...
La guinda la eucaristía del último día, las energías de la vuelta del Tabor, el volver a nuestras vidas repletos de energía, de ese encuentro que te ha llenado y que te ha dejado una huella profunda, pero que tienes que seguir trabajando, que no puedes quedarte ahí...
Gracias Señor por esta experiencia, por encontrarnos en el camino y caminar juntos, por mostrarme que me quieres y que cuentas conmigo, gracias.

domingo, 25 de julio de 2010

Disfrutando del verano

Estamos de vacaciones, un buen tiempo para disfrutar de la familia, de los amigos, de un buen libro, de nuestros hobbies... de Dios. Porque también es una buena oportunidad para que fuera de la rutina del seminario, seamos nosotros mismos los que saquemos nuestros momentos de encuentro con el Señor. Y sepamos descubrirlo en nuestro entorno, en nuestra vida y sepamos llevarlo así a los demás.

jueves, 25 de marzo de 2010

La velocidad de Dios

El otro día navegando por internet, buscando videos vocacionales, me tropece con una mini película que se titulaba: Godseep, la velocidad de Dios. Estaba colgada en el youtube en cuatro capítulos. Es algo recomendable, ya que trata del descubrimiento vocacional de un chaval de unos quince años en un verano mientras está de vacaciones en casa de su abuela. La historia es bien sencilla y fácil de seguir. Además está muy bien hecha.

Es un buen instrumento para tratar el tema vocacional con adolescentes sobre todo. Además tiene algún guiño gracioso de Yoda "Ayudarte podrías si dispuesto estarías" y del Señor de los anillos. Habla del valor del acompañamiento y de la vivencia sacramental, en el tema del discernimiento.
Que lo disfrutéis.