domingo, 22 de agosto de 2010

Camino a Santiago

Ya hace días que volvimos de Santigo y de la PEJ, la verdad que quería haber escrito antes mis impresiones pero crei conveniente dejar reposar ese mar de sentimientos que durante esa semana golpearon mi corazón... Fueron unos días intensos, de camino, donde además de conocer a gente nueva, también te ayuda a descubrirte mejor a ti mismo y lo que puedes dar de si.
El andar, el cansancio, las personas, la soledad, el reencuntro,... compañeros de ese camino que paso a paso vas cubriendo hasta llegar a tu meta. Y en el quedan palabras, rostros, gestos, sonrisas, sorpresas, esperas,... gente que se propone, pese a su cansancio, hacerte el camino más agradable y darte los ánimos suficintes para que continúes.
La llegada a Santiago una mezcla de emoción que te corre por el cuerpo y te deja sin palabras. El abrazo al santo y las ganas de abrazar a los que tienes cerca y de recordar a los que forman parte de tu vida y compartir con ellos que has llegado a la meta y mirar al cielo y darle gracias a Dios por darte las fuerzas, porque vives ese momento, porque no estas solo, porque tienes a tu alrededor miles de jovenes como tu que estan en el camino de la vida donde quieren apostar fuerte y quieren abrir su corazón a tu palabra y a tu voluntad.
Atras queda el mal dormir, el cansancio, las ampollas, las ahujetas... y solo un pensamiento llena todo: lo conseguí. Puedo hacerlo y eso llevado a tu vida te dice que puedes lograr aquello que te propongas solo tienes que intentarlo...
Luego un fin de semana con muchos más jóvenes, si ibamos sescientos en el camino el número se multiplica considerablemente en Santiago y llegan los encuentros, los talleres, y el momento cumbre la vigilia. Un encuentro de oración que poco a poco te va calando y te desarma por dentro para que tu corazón quede simplemente delante del Señor. Y los sentimientos vuelven a llenar tu cabeza, tu corazón, y te sientes lleno de Dios y feliz y con ganas de amar,... porque estas lleno de eso que muchas veces andas buscando y no encuentras sin darte cuenta que lo tienes siempre ahí a tu lado. El amor de Dios, el experimentar ese encuentro con la madre, ese encuentro con la cruz, ese encuentro con la experanza y ese encuentro con su cuerpo. Y ves que lo mas pequeño se hace grande y llena todo y le da sentido y que estas vivo y que Dios te quiere y que espera tu respuesta...
La guinda la eucaristía del último día, las energías de la vuelta del Tabor, el volver a nuestras vidas repletos de energía, de ese encuentro que te ha llenado y que te ha dejado una huella profunda, pero que tienes que seguir trabajando, que no puedes quedarte ahí...
Gracias Señor por esta experiencia, por encontrarnos en el camino y caminar juntos, por mostrarme que me quieres y que cuentas conmigo, gracias.